7 de marzo de 2011

Cinco

Las palabras sobran cuando, con mis brazos rodeándote, ponés tus brazos alrededor mió, en una especie de escudo protegiéndonos de todos los de afuera, de todo lo que no nos toca. Corre un escalofrío, una corriente eléctrica, y un momento casi incómodo; pero me siento a salvo y completa cuando somos uno los dos. No hay ningún otro lugar en el que quisiera estar, al que quisiera ir. No me quiero separar, no quiero perderte, irme, perderme. No hay lugar al que pertenezca más que acá donde me encuentro, entre tus brazos, con mi cabeza en tu hombro y tu mentón en mi frente. El corazón late más fuerte, más intensamente. Y toda mi vida se reduce a esto. Ya no importa lo bueno y lo malo que pasamos, ya no importa lo que dijimos ni lo que callamos, nada importa ya. Porque hay un mensaje implícito en este abrazo, un mensaje que no hay palabras que puedan decodificar y hacer claro. No me interesa hacerlo claro, sólo quiero retener este momento y este sentimiento hasta que pase la tormenta.

F. M.

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