28 de febrero de 2011

Y le dije...

... No es idealizarlo. Idealizar es algo más racional y esto es cien porciento emocional. Es que hay como una magia, un algo surreal, pero que es tan real e increible. Cuando pienso en él, incluso cuando sueño con él, cada cosa se siente tan real como cuando era real, como si no estuviera recordando sino más bien reviviendo el momento. No sé si alguna vez te pasó. Me gustaría poder tener alguna especie de poder sobrenatural, espiritual, para saber qué es lo que hay entre los dos. Porque es algo fuerte, algo más fuerte que cualquier cosa. Nunca me pasó nada igual con nadie. Soñé con él, pero no me acuerdo muy bien. Sí sé que lo saludaba con un abrazo y me quedaba abrazándolo. Es que es tan lindo abrazarlo. Se siente como un hijo siente el abrazo de una madre. Que sentís que nada malo puede pasar, que vas a estar bien siempre. Es ese abrazo protector. No te querés ir de ahí. Es como en invierno, cuando te tapas con las frazadas hasta la nariz, y te acurrucás. Así se siente. Y sé que no es idealizar porque, después del error que ya había cometido, todo el tiempo me propuse a mi misma no idealizar. Siempre tuve presente eso para no caer en lo mismo. Pero desde un principio con el fue diferente. Nunca me dejé divagar, al contrario. Pero obligándome a no ilusionarme, viví la realidad más intensa aún. Y la realidad fue sumamente surreal. Y lo surreal me enamoró.

F. M.

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