F. M.
1 de diciembre de 2010
Hoy me levanté como siempre, pero algo había cambiado en mí. Me encontré pensando en vos, en mí, en lo que fuimos, lo que dejamos de ser, y lo que nunca seremos. Me di cuenta que ya no tengo ganas de seguir, de intentar algo que ya no funciona, que ya no sirve. El cariño sigue allí, jamás se irá el sentimiento. Pero no puedo forzar algo que no me nace. Siento que perdí mi lugar y no me gusta este nuevo que me das. Me siento a un costado, en una estantería, pintada. Que ya no valgo o que tal vez nunca lo hice. Perdí mucho en el camino y aun no logro ganar el valor para dejarme ir de tu lado. No quiero irme, realmente no quiero, pero es más fuerte que yo este querer ser feliz... sin vos. Me cansé de remar sin brazos en una corriente que no me lleva a ningún lugar. Tal vez sea hora de guardar todo en un cajón imaginario y dejarlo como algo que nació y murió contaminado, infectado. Este sentimiento ya está muy infectado como para purificarlo y nacer de nuevo. No me sale olvidar con tanto silencio entre los dos. No sé qué hacer, no sé qué decir y menos después de ayer, de esa carta en la que con palabras de cantante prometí todo un pasado, un presente y un futuro caminando a tu lado. No quiero ser egoísta, pero siento esto como el divorcio de dos padres que no se lleva a cabo por no lastimar a los hijos. Y qué error! El mantenerse juntos obligadamente no lastima menos a los hijos. Al contrario. Esta falsedad a mí me está matando más que cuando te tenía ciertamente lejos. Pero no sé qué quiero. No lo sé. Necesito algo de claridad en todo esto... O tal vez... sinceridad.
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