F. M.
10 de agosto de 2010
Sueños de maniquí
Fue tan sólo una momentánea hermosa realidad. Y qué bello hubiera sido que durara por siempre. No sólo bastó saberme dueña de su corazón y de todas sus emociones y pensamientos. Desde el mismo instante en que la vida lo cruzó en mi camino, cada rincón de mi cuerpo necesitó de su ser. Respondí como nunca a mis impulsos. Acallé todos y cada uno de los obstáculos de mi conciente. Dejé a mi inconciente ser en su plenitud. Le di voz cantante. Y heme aquí enamorada perdidamente. Dejando pasar mil oportunidades de ser feliz en brazos de otro que no tenga miedo de amarme como quiero. Hoy sonrío y lloro con un recuerdo que me hace feliz en algunas ocasiones y sueño con verme de nuevo fundiendo nuestros labios en el más dulce beso que recibí jamás. Sólo me queda soñar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario