F. M.
22 de julio de 2010
Tres palabras..
Hubo un momento en el que no creí tener la capacidad de producir algo así. En vos. En nadie. También hubo un tiempo en el que la inseguridad me invadió y te celé hasta de tu sombra. Sufrí, pero por mi propia culpa. Un tiempo atrás hubiera jurado, y no en vano, que cualquier día levantarías tus cosas y no sabría más de vos. Me demostraste que no. Que siempre estarás. Llegué a considerar esta relación enfermiza, obsesiva, compulsiva. Y un día me resigné a no querer nada de vos. A no esperar nada, a no desilusionarme de antemano. Y qué hermoso fue recibir esas tres palabras. Me sorprendí al punto de quedar boquiabierta. Porque no fue sólo decir algo pasajero. Entendí que nada del pasado tenía valor ya. No había inseguridad ni celos. Ya no tuve pensamientos negativos. Y pude ver que a veces hay que dejarse vencer para terminar siendo vencedor. Y, también, descubrí que no se trata de tener la capacidad para producir algo en alguien, sino de ser uno mismo y dejar que el otro te vea en total plenitud. Es entonces que logras cosas inimaginables en personas inesperadas.
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