29 de julio de 2010

Hoy en día nos podríamos cruzar..

Inspirada en una foto,
recuerdo de los dos,
vaga en mi mente
a la deriva, al borde de la nada.

Pide una oportunidad.
Felicidad,
amor, pasión...
Plenitud
F. M.

26 de julio de 2010

Pido por tus besos,
por tu ingrata sonrisa,
por tus bellas caricias
eres tú mi alegría.

Pido que no me falles,
que nunca te me vayas
y que nunca te olvides
que soy yo quien te ama,

que soy yo quien te espera,
que soy yo quien te llora,
que soy yo quien te anhela
los minutos y horas.

Me muero por besarte,
dormirme en tu boca.
Me muero por decirte
que el mundo se equivoca.

Pido por tu ausencia
que me hace extrañarte,
que me hace soñarte
cuando más me haces falta.

Pido por la mañana
que a mi lado despiertes
enredado en la cama.
Ay cómo me haces falta.

La 5a Estación

22 de julio de 2010

Tres palabras..

Hubo un momento en el que no creí tener la capacidad de producir algo así. En vos. En nadie. También hubo un tiempo en el que la inseguridad me invadió y te celé hasta de tu sombra. Sufrí, pero por mi propia culpa. Un tiempo atrás hubiera jurado, y no en vano, que cualquier día levantarías tus cosas y no sabría más de vos. Me demostraste que no. Que siempre estarás. Llegué a considerar esta relación enfermiza, obsesiva, compulsiva. Y un día me resigné a no querer nada de vos. A no esperar nada, a no desilusionarme de antemano. Y qué hermoso fue recibir esas tres palabras. Me sorprendí al punto de quedar boquiabierta. Porque no fue sólo decir algo pasajero. Entendí que nada del pasado tenía valor ya. No había inseguridad ni celos. Ya no tuve pensamientos negativos. Y pude ver que a veces hay que dejarse vencer para terminar siendo vencedor. Y, también, descubrí que no se trata de tener la capacidad para producir algo en alguien, sino de ser uno mismo y dejar que el otro te vea en total plenitud. Es entonces que logras cosas inimaginables en personas inesperadas.
F. M.

21 de julio de 2010

Vuelo. Alto. Muy alto. Más alto. Y me dejo caer. Sabiendo que me atraparás como tantas otras veces has hecho. En esos brazos fuertes que por las noches extraño. Me permito sentirte y saborear cada momento. Tomo todo aquello que das. Doy todo lo que soy sin reservas. Sin más.

18 de julio de 2010

Heartbeat ♥

Recostada, con vos a mi lado, en este día gris. Puse mi mano en tu pecho, tu pequeño pecho, y lo sentí. Tu corazón. Sí, tu corazón latiendo como nunca, latiendo como siempre. Ese ritmo relajante me transportó a esa época en que recién te traje a mis días, hace ya dos años y medio. Ese día fui feliz. Desde ese día nada me importa más que vos y el latido de tu corazón. Recuerdo que cada noche colocaba mi mano en tu pecho para asegurarme que estuvieras bien, que estuvieras viva. Tal vez un poco paranoica fui, pero era todo muy nuevo para mí. Hoy sólo busco sentir tus latidos porque me llenan de paz interior, me llevan a un estado inigualable. Cuando te siento me siento plena. No hay amor más grande en mí que el que siento por vos. Tan pequeña y traviesa me hacés sentir cosas que jamás creí posibles.

15 de julio de 2010

Lágrimas saladas

Hay cosas que duelen. Hay cosas que creemos que duelen. Hay veces en que creemos que no nos cabe más dolor en el cuerpo. Hay otras en las que creemos que tocamos fondo. Es algo tan cotidiano el dolor. Pero ¿qué es el dolor realmente?
Hubo un tiempo en el que creí que moriría de dolor. Podía estar quemándome viva que no sentía nada. O mejor dicho sentía mucho. Mucho dolor. Muchísimo. Un dolor sin relación alguna con el hecho de estar quemándome. Un dolor que iba más allá de todo lo fisíco.
Dolor espiritual. Eso era. Me dolía el alma. Estaba partida en dos. Atravesada por mil cuchillos que se clavaban minuto a minuto, cada vez más. Estrujada al borde de la asfixia. Agonizante. Muriendo día a día, semana a semana, mes a mes.
Como algunos dicen: ''una vez que se llega a la cumbre de la montaña, lo único que queda es caer''.
Caí en picada. Sin frenos ni paracaídas. Como cae una fruta madura de un árbol. De la nada, de repente, sin previo aviso. Caí a un pozo que parecía no tener final o, por lo menos, no uno agradable ni deseado.
Me ahogaba, no podía respirar. No toleraba las risas, los gritos, los ruidos, la felicidad ajena. No podía contagiarme de nadie, de nada. No había forma de salir de la oscuridad.
Siempre con una sonrisa. Siempre tratando de mostrar que nada pasaba. Pero ¿por qué tenía que aparentar? ¿para quién? ¿para mí? Sí, para mí. Porque en el mismísimo momento en el que me dejara mostrar la realidad, yo caería en cuenta de lo que me estaba pasando y sería peor.
No quería que nadie me tuviera lástima. ''Pobre, Florencia'', dirían. ¿Ellos que saben? Mejor evitar malos momentos con gente que nada tenía que ver con lo que a mí me pasaba.
Un largo camino tuve que atravesar para poder hablar de esto sin sentirme ahogada nuevamente. Y, aún así, a veces cuando recuerdo todo como si hubiese pasado hace un mes, me siento un poco perdida, nuevamente identificada con esa adolescente que quiero dejar atrás y enterrar de una vez por todas.
Pobre mamá. Pobre papá. Pobre Naty. ¿Pobre yo? Pobre yo. Pero pobre ellos que no podían ayudarme de ninguna forma.
Llantos sin razón. Gritos. Locura. Descontrol. Temblores. Descargas musculares. Ansiedad. Asfixia.
¿Por qué tanto calvario? ¿por qué tanto miedo a morir? ¿por qué tanto dolor? ¿por qué? No sé porque. Ya no quiero saber porque. Nunca voy a saberlo.
Nunca voy a saberlo... porque en mi corazón lo sé. Sí, lo sé. Pero es tan deprimente hablar de algo que jamás va a tener vuelta atrás. Algo que todavía me duele como si hubiera sido momentos atrás. No lo acepto, no puedo dejar de sentirlo. Lo extraño. Aún lo extraño. Cada día más. Pobre él. Ni mamá, ni papá, ni Naty, ni yo. Pobre él! Inocente.
El dolor que siento yo no es dolor. Es culpa. Como si yo la tuviera. Creo que nadie tiene la culpa. Por lo menos yo no la tengo y lo sé con absoluta seguridad. Pero siento culpa y no sé qué hacer.
F. M.

9 de julio de 2010

Caminá..

Vas caminando por un sendero que te lleva a ninguna parte. Vas sola. En tu corazón sentís el deseo de caminar hacia un nuevo sitio. No te importa cuál. No te importa cómo. Tan sólo querés irte lejos. A ese lugar nuevo donde nadie conozca más que lo que vos sos. No tenés pasado, solamente un presente y un futuro por escribir. Ya nada te duele, nada te toca, nada te lastima. Mas no sos feliz. No tiene sentido engañarte. No lo sos.
No hay lugar en tu alma para los sentimientos. Ya no tenés la capacidad de confiar y entregarte a una nueva amistad. No querés hacerlo. ¿Para qué? Si aquél al que le confiaste tu vida te dejó por un pedazo de mierda. ¿Qué sentido tiene entonces que lo vuelvas a intentar? Ninguno. Ya sabés que al final de esa historia volverás a ser vos la que llore por alguien que no fue más que un amigo pasajero, un amigo adolescente. Ya tiene lo que quiere, lo que la vida consideró que merecía.
Vos seguí caminando lejos, lejos, lo más lejos que puedas. A un lugar donde cada mañana salga un arco iris pintado con colores de esperanza y paz. Con colores de amor. Dejá esa mancha atrás en tu pasado. Enterralo en un pozo sin fondo. Enterralo para siempre. Y no creas que estás huyendo. Él fue quien huyó. Vos sólo te estás dando la oportunidad de ser feliz verdaderamente.
Así que armá tus valijas con lo indispensable: tu coraje, tu honestidad, todo ese amor que tenés para darle a quien realmente lo merezca, y todo aquello que te hace única y especial. Caminá tranquila por este nuevo sendero que se dibujó enfrente tuyo. Mañana saldrá el sol y vas a encontrar lo que la vida tiene preparado para vos, para que te sientas en plenitud.
F. M.

8 de julio de 2010

Un salto a la verdad. Caí como cae un niño que recién está aprendiendo a caminar. No puedo levantarme esta vez. No sin tu ayuda. No ahora que no estás y es por vos que me siento así.
La verdad me golpeó como una cachetada en seco. Me arrasó como un tsunami.
Ya no soy la niña que sueña con príncipes azules y castillos de arena. Ni soy esa mujer completamente inmersa en un mundo de adultos con tacos y maquillajes.
Tu ausencia me marcó para siempre. No exagero. Si estuvieras en mi vida, todo sería distinto. Todo tendría otro color.
¿Cómo se puede amar a aquél que nunca fue y nunca será?
Y aunque siempre estuviste conmigo, en mis sueños, hoy daría hasta mi alma por poder compartir 2 segundos de mi vida con vos y poder abrazarte como nadie jamás lo haría.
Hoy lágrimas de impotencia me inundan el alma.
Te extraño. Pero, ¿cómo es posible extrañar a alguien a quien nunca vi, alguien a quien no conozco en absoluto?
Me duele en lo más profundo tanta realidad junta. Y tanto misterio.
El sol me robó todos lo amaneceres con vos, y la luna, los cuentos antes de dormir. Las estrellas me robaron el brillo de tus ojos, y el viento, tu voz.
Y la injusta jueza de la muerte te arrebató añares antes de poder decirte estas 3 palabras que nunca voy a callar: 'Abuelo, te amo'.

F. M.

6 de julio de 2010

Miedo

Tanto miedo. Tantos miedos. Desde que nacemos sentimos miedo y hasta el mismo día en que dejamos de existir. Miedo a todo. Miedo a las alturas, a la oscuridad, a las arañas, a las víboras, tal vez a las tortugas (por qué no? de hecho conozco una persona que les tiene fobia). Miedo a que te roben. Pánico escénico. Miedo ante alguna situación extrema como puede ser encontrarse en medio de un tiroteo. Miedo a que se muera tu mascota, esa que tenés desde que viniste al mundo. Miedo a perder a las personas que más querés en el mundo, tu papá y tu mamá. Miedo a que mueran tus hermanos, tus abuelos y demás familiares. Miedo a pelearte con tu mejor amigo (lo peor es cuando se convierte en una realidad). Miedo al engaño, a la traición, al abandono, al silencio. Miedo a quemarte, a ahogarte, a asfixiarte. Miedo a lastimarte o a que te lastimen. Miedo a quebrarte un hueso, a que te amputen alguna parte del cuerpo, a quedarte ciego, sordo o mudo. Miedo a perderte. Miedo a ir al infierno. Miedo a que exista un infierno. Miedo a sufrir, a deprimirte, a los ataques de pánico. Miedo a morir. Miedo a que no exista nada después de la muerte.


Yo, más que a todas estas cosas, me tengo miedo a mí misma.
F. M.

2 de julio de 2010

The Cure - Friday I'm In Love

Quimera

Pensamiento sin sentido que me lleva por nubes imaginarias hacia un cielo finito que termina donde se agota mi respiración. Sentimientos deshonorables que carcomen y corroen cada centímetro de carne en mi cuerpo hasta dejarme deshecha y tirada a un costado. Emociones desatadas como un tornado que me azota y arrasa todo aquello que algún día llenó mi vida de felicidad palpable. Resentimiento profundo y cortante que me invita al encierro eterno dentro de un escondite llamado silencio. Dolor. Llanto. Falsa sonrisa ininterpretable en su verdadero significado y tomada como algo cierto y honesto. Hasta cuándo está permitido cerrar la puerta de la demostración? Cuándo es el momento adecuado para abrir las alas y volar lejos? Ahora.
F. M.